miércoles, 27 de octubre de 2010

La fuerza del siglo XVIII


Es 1700 año de un gran cambio en España por marcar el término de los Austria con el fallecimiento de Carlos II y vendría Felipe de Anjou como Felipe V, el primer Borbón e ideas francesas que para América significaron una vida política muy activa con el envío de más representantes peninsulares, una modernización de los ejércitos y marina, también del comercio y la producción. Se cimenta la agricultura con obras de regadío. Crece la industria manufacturera de tejidos, de artículos metalúrgicos, armas, loza, muebles etc. Los virreyes y gobernadores debían cumplir mejor sus cargos de modo de mantener el resurgimiento en las colonias, aunque Chile sigue aislado por su tremenda lejanía.

Se hace importante la ruta por el Cabo de Hornos y las naves al pasar por el extremo sur encontraban canoeros que les ofrecían extraños insumos, pasando por los puertos de Chiloé, Valdivia, Concepción y Valparaíso aumentando su afluencia y de mercaderías españolas y europeas. En aquellos últimos años coloniales desaparece el monopolio y ante la presión externa llega el contrabando de artículos franceses desembarcados en Concepción e ingleses desde Buenos Aires. Chile despacha sus productos a Lima, el trigo, vinos, cueros, charqui, cobre en barra, frutas secas, legumbres, velas de sebo, quesos, madera – de alerce de Valdivia y Chiloé- y hacia el otro lado, los ponchos azules o rojos tan apreciados por los gauchos. Desde el Perú nos llegaba el azúcar, piedras de sal, salitre, tabaco, telas de bayeta, chocolate, arroz etc., y de Argentina o Paraguay principalmente la yerba mate, oro verde para algunos y vicio deleznable para otros. Por 1790 España autorizó a EEUU e Inglaterra la caza de la ballena y el lobo marino en el Pacífico lo que trae muchos barcos a nuestras costas y aumento del movimiento intercolonial de los diferentes tipos de producción.

El trigo, cuya semilla llegó desde Andalucía, hacía andar la actividad en las haciendas, porque había que cultivar ya que el oro era para unos pocos y los criollos aprendieron a enriquecerse con la pertenencia del suelo y la crianza de ganados haciendo nacer el inquilinaje que trabaja las tierras lejanas pagando su uso en cosechas, leña, miel o dinero. Peones mestizos se ocupan en las minas y entre los agricultores ha de conformarse al tipo del huaso, encargado también por los medios de transporte en las rutas entre las ciudades y los puertos, con caravanas de carretas y recuas de mulas. En la cercanía de las urbes se explotaba la chacarería y las quintas de frutas; las viñas desde Concepción y en la zona central. Se establecen costumbres, la vida social y la economía, una cultura, que son mensajes a los siglos posteriores a 1810. Las artesanías florecían en los telares, géneros ordinarios, ponchos y frazadas. La arcilla proveía de vasijas, tinajas para la chicha y el vino. El cuero para el calzado, las monturas y sus aperos. De cobre los alambiques, palanganas y ollas. Si de el cáñamo podía producirse cordeles, jarcias y lonas. De la platería, la vajilla en que fue importante la labor de los monjes jesuitas de Calera de Tango.

El más notable gobernador del siglo XVIII don Ambrosio O”Higgins, el padre de nuestro prócer máximo don Bernardo, se hizo recordar fundando ciudades, impulsando los caminos, canalizando tierras de cultivo, la construcción del puente de Cal y Canto, contratando a Joaquin Toesca para levantar la Casa de Moneda, los tajamares del Mapocho y la Catedral.

Iván Contreras R. 2010